No sé en qué momento empezaste a importarme, ni en qué instante todo cambió. Fue algo extraño, porque sucedió despacio y de repente al mismo tiempo tan rápido. Lo único que sé es que hay algo en vos que me atrae, algo que me hace volver una y otra vez a tu presencia. Tal vez sea tu forma de hacerme reír cuando menos lo espero, o esa mirada que antes me incomodaba y que hoy logra derretir todas mis defensas.
Después de conocerte ya nada fue igual. Intenté tomar distancia, convencerme de que podía seguir como si nada, pero nunca pude despegarme de vos ni de todo lo que despertás en mí. Cada vez que estás cerca, mi cuerpo lo siente; se acelera el corazón y el mundo parece detenerse por un instante.
Sin darme cuenta empecé a quererte más de lo que imaginaba. Empecé a preocuparme por vos, por tus días, por tus sueños y por tus silencios. Aprendí a amar cada una de tus partes, las perfectas y las imperfectas, porque son justamente ellas las que te hacen ser quien sos. Y fue entonces cuando entendí que ya no ocupabas un lugar cualquiera en mi vida, sino uno imposible de reemplazar.